El otro día iba pensando yo en las relaciones entre diferentes sexos, especialmente las de tipo "romántico", y llegué a una conclusión que quiero compartir, por si alguien quiere aportar algo o aclarar alguna cosa al respecto.

Después de mis lecturas sobre zen y especialmente de Tolle, entiendo mejor la perspectiva "transcendental" de las relaciones entre "no iguales en la forma". Se supone que todo aquel que supera las limitaciones de la forma y es capaz de ver, más allá de las apariencias, la igualdad absoluta de los seres vivos, puede de transcender su ego (entendido desde un punto de vista "budista"), y superar una de las muchas trampas perceptivas que tenemos en este planeta y que producen el sufrimiento.

Por lo tanto, entiendo que cuanto más diferentes en la forma -en la que nos percibimos y percibimos a otros- seamos (por ejemplo, musulmanes palestinos y judios israelitas), cuando logramos superar la forma -y sus identidades- y ver la esencia del otro, digamos que cumplimos algo así como la misión más transcendental que tenemos en este planeta: Ver prístinamente la unidad detrás de las diferencias.

Lass relaciones entre diferentes sexos, tienen la peculiaridad de ser unas relaciones con mayores dificultades "internas" que las que se producen entre seres del mismo sexo ; en conversación con gays, la mayor facilidad de entendimiento entre personas del mismo sexo, fruto de una educación y condicionamientos similares suele ser un tema recurrente.

Independientemente de que en toda relación de amor no egótico, se crece y se transciende, una relación heterosexual que logra ver más allá de la forma del sexo opuesto -con sus papeles pre-establecidos, sus gestos físicos pre-condicionados, su biología, sus condicionamientos sociológicos-, es una relación que rompe de manera más intensa con la conciencia egótica y consigue ver con mayor probabilidad, la unidad que hay detrás de la aparente diferencia. Y recordemos que esto parece cumplir un papel importante en la evolución personal, y en la colectiva.

Creo que desde este punto de vista, las relaciones heterosexuales amorosas,"ayudan más" -por los mayores obstaculos a superar en la comprensión del otro "el diferente"- que las homosexuales amorosas, en acercarnos a la esencia sin forma de los otros.

Desde este punto de vista, las relaciones heterosexuales amorosas, lo tienen más difícil que las relaciones homosexuales amorosas.

Evidentemente, desde el punto de vista sociológico -desgraciadamente en mi opinión- lo tienen mucho más difícil en las relaciones entre seres homosexuales por la dificultad de las sociedades humanas  históricamente en integrar las diferencias y evitar uniformizaciones tipo "debería ser".

Desde este aspecto, y hablando desde lo transcendente, la forma de evolucionar hacia el descubrimiento en el "otro mental", de un igual, sería diferente. Se trataría de que aquel que no entiende las relaciones homosexuales (representando en sus conceptos mentales por "los otros"), precisamente, pueda transcender, cuando a través de una experiencia humana, logra ver más allá de la forma, y pueda ver la esencia de SER que hay detrás de todo ser humano independientemente de su condición o sus circunstancias. Pueda ver, en definitiva, que el AMOR, es independiente de la forma "externa" que adopten los que se aman.

Y entiendo que el que vive la experiencia de amor homosexual, puede tener en las etapas iniciales de autodescubrimiento, mayor capacidad de elección, no aceptando uniformización, y de esta manera, desde la libertad, elegir con más facilidad la "no apariencia", es decir, la esencia. Sin embargo, como el resto de los adultos, una vez superada esta fase, no tienen precisamente que encontrar un "diferente" tan intenso en el otro, como una relación heterosexual, por lo que ese descubrimiento de la igualdad con el "aparente" diferente, y por tanto el descubrimiento de la esencia, no se produce con la misma virulencia. Esto no implica que tengan otras vías de descubrir en sus parejas su esencia asexuada, sin forma, sin identidad, donde pueden ver sencillamente el ser que late en todos nosotros, sin excepción.